Gracias señora Cato Hanrath

por Leticia Magallón / 25 Marzo 2019 / Publicado por CEMONT/UMONT
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Montessori llega a México.

La educación Montessori llegó a México en los años sesenta, cuando una gran mujer interesada profundamente en la educación y en nuestra niñez, decidió compartir sus conocimientos para que los niños tuvieran la oportunidad de desarrollarse en un ambiente preparado, dando rienda suelta a sus potencialidades, a su creatividad y a su espíritu explorador, representando Asociación Montessori Internacional (Holanda), inaugurado por la doctora María Montessori. La señora Cato Hanrath nació en Holanda. Ella siempre se mostró interesada en aportar algo que pudiera contribuir a construir un mundo mejor y más feliz. Poseedora de un profundo conocimiento del alma humana, de una gran sensibilidad, y de un respeto y un amor profundo al os niños, y al igual que la doctora Montessori, ha visto en el niño la semilla del hombre del futuro, la esperanza de un mundo mejor.

La señora Hanrath llegó a San Antonio Texas, Estados Unidos en los años sesenta. Trabajó con un grupo de colaboradoras, en especial con la señora Lydia Englesmith, y creó un curso especial para la formación de guías. Fue un curso intensivo en el cual se prepararon aproximadamente 25 personas provenientes de diversas partes de los Estados Unidos y México para establecer un curso que incluyera además de la formación teórica y práctica, la formación integral del adulto. En el año de 1969 se abrió en la Ciudad de México, en la calle de Presidente Masarik, colonia Polanco, el primer curso para guías Montessori reconocido y avalado por la Asociación Montessori Internacional Holanda. El plantel era pequeño, solamente constaba de dos ambientes reducidos y una pequeña oficina. Sus colaboradores incluían a personas maravillosas, muchas de ellas extranjeras, entre las que se encontraban las señoras Lydia Englesmith (Inglesa-Francesa), Rita Schaeffer (norteamericana), Gay Karcher (norteamericana), y la también holandesa Catie VanMelle.

La señora Hanrath quiso, además de entrenar a personas para formarse como guías Montessori, preparar a gente mexicana para que pudiera hacerse cargo de tan maravillosa y titánica labor. Los frutos comenzaron a brotar. La Secretaria de Educación Pública de la ciudad de México facilitó a la señora Hanrath unas instalaciones magníficas, hermosas y muy amplias. Se les permitió hacer las adaptaciones que consideró pertinentes, así que en los años setenta nació el CEEAMI México (Centros de Estudios de Educación, AMI, México). Los cursos para formación de guías tenían una duración de tres años para Casa de Niños. Unos cuantos años más tarde se abrió el entrenamiento para Talleres I y II, que constaban también de tres años, en los cuales se incluían la teoría y práctica de todos los materiales Montessori, además de la filosofía, psicopedagogía y sensibilización.

La señora Hanrath, hasta los últimos días de su vida impartió filosofía, desarrollo humano, dinámicas de grupo, psicodrama y movimiento. Además viajó por varios estados de la República Mexicana supervisando y asesorando escuelas. Formó y creó también un curso para padres, el cual se impartía dentro del CEEAMI, así como en algunas ciudades del interior de la República Mexicana. Dentro del edificio del CEEAMI se abrieron “Ambientes Preparados” como salones de demostración, primero para Comunidad Infantil y Casa de Niños, y más adelante se incluyeron Taller I y Taller II. La señora Hanrath continuó estudiando e investigando, entregando su corazón y enriqueciendo el curso de alguna manera u otra. Durante años se estuvieron formando guías de todos los niveles. Se abrieron ambientes Montessori en diferentes lugares de la República Mexicana. La señora Hanrath se retiró del CEEAMI aproximadamente en 1984, pero siguió activa desde ese día, impartiendo un sinfín de cursos de manera independiente y dinámicas en desarrollo humano a nivel nacional e internacional. De enorme corazón y mente brillante, nos ha obsequiado dos libros de su autoría. Cuántas cosas, cuántas experiencias, cuántos valores, cuántos sentimientos nos ha legado. El amor profundo y desinteresado por una nación, México.

El mostrarnos la luz que ilumina el sendero de la Esperanza. Hablar de ella es solo intentar describir a un ser humano íntegro, insertado a la humanidad del firmamento, a la magnitud del universo, dotada de un espíritu férreo y generoso, entregada a impulsar el crecimiento de la comunidad educativa. Quienes tuvimos el privilegio de haber trabajado a su lado, de escuchar sus cátedras, sabemos que siempre se convertían en lecciones de vida, orientándolas de una manera sutil y sensible a un mejor conocimiento interno de cada uno de nosotros. Con ella no se necesitaban palabras para que existiera una plena comunicación. Su mirada, sus manos, sus silencios, trascendieron a nuestro espíritu y tocaron nuestra alma. Dejó parte de su mundo en Holanda. Vino a México dispuesta a quedarse en él cuanto fuera necesario. Su ideal: contagiarnos de los postulados de la Doctora Montessori… “Vino a sembrar”. Hoy en día somos muchos guías, padres de familia, alumnos, que podemos decir ¡Gracias señora Hanrath! Seguimos fieles a lo aprendido, comprometidos con la formación y educación de nuestros alumnos; y agradecidos con esta noble holandesa que supo llenarnos de esperanza y fe en la humanidad. La entrega incondicional a un ideal, el autoconocimiento del alma humana y el camino hacia la paz.

Por todo esto y más… Gracias señora Hanrath, por haber coincidido en el tiempo y espacio, por compartir su sabiduría, por ser parte de nuestras vidas en amor, y por habernos dado tanto. Universidad Montessori de México.

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